No contrates un producto financiero que no entiendas (II)

julio 2, 2021 6:05 pm

Muchas personas contratan productos financieros sin tener la menor idea de cómo funcionan. Eso causa muchos dolores de cabeza y es la principal causa de las malas experiencias que se dan entre usuarios y empresas del sector financiero.

Por eso es tan importante la educación financiera básica, para tener una buena idea sobre cómo funcionan en general los créditos, las inversiones o los seguros. Tener bases nos da la capacidad de leer, preguntar lo que no entendamos y tener el criterio suficiente para no quedarnos con lo que nos dice el “asesor”, que en muchos casos sólo es un vendedor mal capacitado.

Todos los productos financieros tienen términos y condiciones que están plasmadas en un contrato, el cual expresa claramente a qué se obliga cada una de las partes. Estos contratos por lo general son de adhesión (es decir, no son negociables), pero sí están regulados, de tal manera que no se incluyan cláusulas abusivas. Además, existe un registro en Condusef (RECA o Registro de Contratos de Adhesión) que puede consultarse de manera pública.

En otras palabras: las instituciones financieras no hacen lo que quieren y no operan así. Por el contrario, también están obligadas por el mismo contrato que ellos celebraron con sus clientes. Si incumplen esa obligación, el cliente tiene cómo defenderse (para eso también está la Condusef).

Frecuentemente recibo quejas de lectores que me dicen: “el banco se cobró a lo chino”, “me renovaron mi inversión o mi seguro sin mi consentimiento”, “no estoy de acuerdo con lo que me está pagando la aseguradora por mi auto” o “la aseguradora me negó el siniestro simplemente porque decidí usar mi coche como Uber”. Por lo general todo esto está en el contrato:

1. Los contratos de las cuentas bancarias y de nómina incluyen una cláusula en la que el cliente autoriza al banco a hacer un cargo automático a su cuenta para poner al corriente un crédito vencido con la misma institución.

2. Muchas solicitudes de seguros o de apertura de inversiones (que forman parte integrante del contrato) preguntan al cliente si quiere la renovación automática al vencimiento. Cuando los “asesores” llenan la solicitud siempre marcan que sí, muchas veces sin preguntar: por eso hay que leer lo que uno firma.

3. Las condiciones generales de todos los seguros de automóvil especifican claramente cómo se determina el valor que pagará la aseguradora en caso de siniestro. Muchas aseguradoras tienen distintas opciones, la elegida por el cliente y que es aplicable para su póliza se especifica en la carátula de la misma (por ejemplo: valor factura, valor convenido, valor comercial, etc).

4. El riesgo de un automóvil particular es muy distinto al de un vehículo dedicado al transporte de personas o mercancías. Por eso suelen ser productos diferentes, con costos dispares. Si uno da al automóvil un uso distinto al contratado, eso es una agravación de riesgo, lo cual está previsto en el contrato

Desde luego esto no quiere decir que las empresas financieras no cometan errores o que no actúen de manera incorrecta. Muchas veces lo hacen, ya sea por personal mal capacitado y con poco criterio o porque sus procedimientos internos son demasiado burocráticos. Pero eso también lo podemos saber: existe en México el Buró de Entidades Financieras, que es una herramienta de consulta donde podemos ver cuántas reclamaciones tiene cada entidad financiera, qué sanciones administrativas les ha impuesto Condusef entre otra información relevante para comparar.

En la tercera parte daremos algunos ejemplos sobre por qué tenemos que leer y entender, antes de contratar un producto financiero.

Fuente: https://www.eleconomista.com.mx/opinion/No-contrates-un-producto-financiero-que-no-entiendas-II-20210428-0113.html

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